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Las ciudades imaginarias parten de la reunión de mis pasiones, que es la interacción constante con mis recuerdos. El juego y los espacios imaginados hacen parte de ese recuerdo de la infancia en donde no existían límites.

 

Por medio del dibujo estos espacios interactúan entre sí, se conectan o fragmentan y juegan con las dimensiones al punto de volverse tangibles. 

El imaginario llevado al espacio del hogar, trasladado al yeso o incluso al barro. Las ciudades de mi pasado traducidas en el presente. 

El frío, el hielo, la quietud, lo estático y lo inmóvil sólo existen, o sólo se aparecen, para apagar, para frenar o para contrastar el fuego, el calor, el desorden y el movimiento. Congelamos, entonces, por la añoranza del fuego pasado. En la ciudad de hielo, las calles son vacías y los cielos blanco puro, sus suelos resbalosos se rodean de caminos y puentes antideslizantes, sus altos edificios hechos de andamiajes curvos y rectangulares conforman a estas pequeñas islas hechas de hielo. El viento es el único sonido que susurra allí, pues el afuera es inhabitado, pero en el centro de la ciudad se encuentra un enorme cubo de hielo en donde habita el movimiento. Entre los bloques de -6oC vemos las calles transcurridas por autos y personas, a la electricidad pasar por sus largas tiras de cables que invaden su cielo y a los árboles menear sus hojas de manera pendular.

Congelamos para darle quietud a lo que sólo pudo nacer en el movimiento. En la reunión de mis pasiones, que es la interacción constante de mis recuerdos y, que, por tanto, es víctima de su mutación, de su degradación y de su descomposición. El hielo es conservador porque es antídoto contra el tiempo transformador que amenaza con desaparecer lo que alguna vez fue mi ciudad. La ciudad de hielo, que, por una contradicción creadora, solo podrá conservarse si se le niega su origen: el movimiento, como el de la caída por sus puentes o el del caminar hacia sus nubes por las escaleras invertidas.

El hielo no podrá apagar por completo el calor del recuerdo, por esto se debe dar un margen al movimiento que hará que al fin el recuerdo perdure con el tiempo.

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